Mellor sería estar calado... Pero case sempre acaba un facendo malas dixestións de tragar tanto aire...

22.4.14

Perdendo a lingua...


Miña prima a chosca marchou vivir á cidade. Ultimamente non falamos nada, xa se sabe, un bótase ás cousas cotiás e vai enchendo o tempo case sen darse de conta. Cando te decatas, perdiches o costume das confidencias, das quedadas, do tempo de lecer divagando…
O caso é que o outro día mandoume unha carta, porque ela é moi antiga e moi súa,  que me deixou fondamente impresionada, así que, co seu permiso, transcríboa, porque me pareceu interesante nos tempos que corren.


Querida prima:
Mis vástagos han llegado a casa con unos informes y unos documentos. No puedes imaginar cuál fue mi estupor al leerlos, y no por su contenido, sinó por su redacción y su calidad lingüística.
A mí la ley y las circunstancias, como bien sabes, me obligan a delegar buena parte de la instrucción de mis retoños, como a todo buen ciudadano que se respete y que respete el estado de derecho, y como pequeña parte del engranaje, he querido confiar siempre en el criterio de las persoas encargadas de tan ardua tarea.
Pero el sistema me ha decepcionado.
Mis coetáneos han perdido su lengua y su pudor por desconocerla, ay, y yo sintíendome culpable todo este tiempo. Quizás habría podido hacerlo mejor. Quizás debí protegerme de estas situaciones cambiándome a vivir a una aldea remota en la que todavía conjuguen los verbos compuestos, como Nebrija manda… yo, y mi tozudez por querer mantener nuestra burbuja en un medio hostil… Estaba escrito lo que acabaría sucediendo.
Y eso que la tele no se escucha en lenguas vernáculas, para no ayudar a establecer modelos a imitar.
Los iguales, ah, los iguales… Esos no me preocupan, ¿recuerdas?, yo también he coqueteado con otros lenguajes a lo largo de los años por ser una más del rebaño. He llenando la boca de palabras y expresiones que no había escuchado nunca a mi madre, pero que eran el canal elegido por mis iguales, con los cuales yo me identificaba y a los cuales me quería parecer, pero aprendía y me defendía con total normalidad en todas las lenguas en las que convivía en diferentes contextos. Afortunadamente, los nuestros fueron otros tiempos, no vivimos con esas reinvindicaciones que se escuchan ahora, donde se lucha a voz en grito por restarles conocimientos a los que nos sucedan, como si temíesemos que nos comiesen el terreno si llegan a ser más cabales y racionales que nosotros.
En nuestra época estábamos ávidos de saber más, de aprender más, de empaparnos de contenidos, lo normal era hacerlo en varias lenguas, todo sumaba, no sabíamos lo que era A y B con esas connotaciones tan negativas, una falta era una falta y la benevolencia con ella era de igual calibre en cualquier documento…
Al acabar de leer, volví a hacerlo, con la esperanza de que mis ojos y mis presentimientos me estuviesen jugando una mala pasada. Pero no, no era así.
Laísmos, loísmos, dequeísmos, faltas de ortografía, barbarismos, extranjerismos, agresiones sintácticas, redundancias, mezcla de lenguas… todo, todo estaba representado cual burda broma de un sistema operativo malvado que no fuese alfabetizado de manera correcta.
Me apresuré a denunciarlo ante el grupo. Me parecía inaudito e inconcebible que socialmente se pudiese consentir tamaño maltrato a la lengua en nuestra propia tribu. No podía permitirse que el desarrollo del lenguaje de nuestras futuras generaciones se encontrase en manos de personas de nivel lingüístico semejante al del koala o de rozadeezpaña.
Pensé en darle difusión, publicarlo, twittearlo, enviarlo a los medios, escribir una carta al director, ponerlo en conocimiento del valedor del pueblo, de la real academia de las letras…
Pero mi honda sorpresa fue que no llamaba la atención o, si lo hacía, nadie más se esforzó en demostrarlo. Era una falta menor, totalmente asumible. Nuestra lengua, y ya no hablemos de su calidad, no preocupa en ninguna instancia, ni alta ni baja, al menos en mi escueto círculo.
Entonces mi estupor se convirtió en dolor. Lo que venía intuyendo era una realidad, aquello de lo que había oído hablar tantas veces a otras madres y padres e incluso a especialistas tomó cuerpo y se mostró ante mi. Estamos condenados a perder la lengua y, en ese viaje, a soportar todas aquellos vapuleos a los que quieran someterla, cual viacrucis en el que, en lugar de escupirle al penitente, se le escupe a la gramática, a la fonética, a la sintaxis, a la morfología…
A nadie le importa la lengua, ni siquiera a aquellos que yo suponía que debían ser guardianes y modelos de ella y en quienes deposité mis esperanzas y confianza.
Ay, si Nebrija levantase la cabeza…
¿Se ha perdido el juicio o es que la filología se me  ha enquistado en el cerebro y nubla mi raciocinio? ¿Está usted perdonado de antemano por redactar ustez escrivir que aller huvo una reunión y que se trató temas inportantes? ¿Su sola buena voluntad lo avala para defraudar de este modo?
No doy crédito. Yo ya he perdido la fe en la gente instruída. He continuado mi investigación y decididamente mi lengua es mía y solo yo puedo ocuparme de ella. Nadie va a venir a revisármela, ni a darme profilaxis para poder soportar el dolor de que me la vayan amputando poco a poco.
Nadie parece por la labor de crear una entidad, grupo, especialidad o qué sé yo que la cuide y la trate como se merece.
Dicen los de la tribu que es lo que hay… y que hay que roerlo (ups!, yo ya empiezo a notar como se me va escoando, a los pocos…).
Querida prima, ya sé que tú no piensas como yo, y que tú eres una radical y que estarás disfrutando con ver llegado este día, en el que se condene abiertamente a aquel que parece un analfabeto en la lengua que tú amas y perdonando, amortiguando y siendo paternalista con aquellos que destrozan la mía… pero me darás la razón con que es igual de imperdonable, porque sé que en el fondo, eres una persoa razonable e instruída, ¿o acaso me equivoco y también eres de las de todo vale? Si es así, estoy desahogándome en la almohada equivocada y te pido que me disculpes.
Un beso y espero que nos veamos o que hablemos pronto.


O resto que segue xa son outras cuestións persoais. No fondo, dáme mágoa a súa situación, porque podo empatizar con ela. Ten que doer ver chegar os documentos de maneira impresentable, pero si, en algo concordo, vai ter que roelo!

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